Un buen motivo para llorar...
Suelo ir al parque a dar una vuelta en bici regularmente, ya saben, por eso de sentir menos remordimiento a la hora de comer pollo frito y beber coca-cola. Hoy traía cierta carga emocional adicional al salir de casa montando mi vieja bici, pero pensé que sería bueno algo de aire fresco, además ... ¿Qué podría salir mal?
Un STOP, un conductor amable que cede el paso con una sonrisa, y mi confianza se multiplica. Sentir el viento frío contra mi rostro me da energía y relaja mis sentidos...-La vida es genial- me dejo llevar por el poder de la música que llega a mí desde mis auriculares, mis pies empujan los pedales con una repentina emoción... He decidido que debo buscar algún tema importante para distraer mi mente de... Esas cosas en las que no debo pensar... Y así llegamos a... Los gatos tienen 7 o 9 vidas?... Por qué son tan aterradores los gatos? ... Mis discusiones internas continúan al ritmo de la música, mientras me acerco a mi destino... Puedo ver el último STOP y la curva que me lleva al lugar donde me encanta ver el atardecer sangriento escurrirse por las rendijas del mundo. Suele ser una entrada tranquila hacia un parque muy tranquilo, pero como siempre que un hecho humillante va a ocurrir, el universo se encarga de que tengas la suficiente audiencia para asegurarse un espectáculo de lujo, y entonces... Dos segundos de mal cálculo te pueden alejar de la acera y llevarte directamente hacía..."una muerte social inminente"...lo sabes solo cuando estás en el piso tratando de incorporarte con la mayor dignidad posible, fingiendo que no te importan los cinco autos que lo han visto todo (si, toda tu estúpida caída mientras ibas flotando musicalmente...) y mucho menos ese ligero ardor en la rodilla que por supuesto vas a ignorar al igual que la ola de calor y rubor en el rostro, que seguramente, como la SUPERBLOODMOON de la noche anterior, se podría ver desde cualquier rincón del planeta...
La incorporación rápida resulta, por suerte, exitosa... Y esta vez una emoción diferente hace que mis pies se muevan más y más rápido mientras las voces en mi cabeza, tardíamente, me dan órdenes sobre la atención que debo poner en el camino...
Tratando de mantener la mirada en el asfalto y esquivando esta vez acertadamente las curvas, voy directo hacia el área infantil, buscando algún escondite entre los juegos para niños que por suerte ya están casi vacíos debido a la hora, aparco a mi vieja compañera de aventuras junto a un banco de madera y vuelto a bajar de la bici... Esta vez por voluntad propia y sobre mis pies...
Lo primero que hago después de sentarme es ver mi rodilla... Sangra, duele...¡Es tan triste!... Me echo a llorar...
Hoy he raspado mi rodilla como cuando tenía 5, y aún 22 años después sigue doliendo igual... Mis lágrimas no dejan de caer, estoy llorando desconsoladamente por mi rodilla raspada, la miro y mi llanto es incapaz de detenerse... En el momento crítico del ataque de llanto agradezco que sea un área solitaria y oscura...
Durante 30 min me he sumido en un desconsolado llanto, no recordaba cuánto puede doler una rodilla lastimada... Lo he recordado hoy...
No hay comentarios:
Publicar un comentario